Sobre la financiación a las distintas confesiones Marzo 29, 2007
Posted by Argonaut in BlogZone.trackback
Un millón de millones de € es una cifra ligeramente superior a mi sueldo base. Unos lejanos (en todos los sentidos) individuos que viven en una lejana (en todos los sentidos) ciudad llamada Bruselas, extraños entes que viven en burbujas y deciden por tí y por mí, cuyos culos han perdido su geografía natural por el continuo roce con la Alcantara de sus coches oficiales; estos Hombres Grises, digo, han decidido que nos gastemos una jugosa parte de nuestros ingresos en financiar la gran Confesión de los Tiempos Presentes. Desconozco si me han consultado: a lo mejor tengo una llamada perdida.
Por otra parte, hablaré con mi asesor financiero para que me ilustre sobre cómo gastar un buen dinero en una entelequia. Por si acaso, propongo a los Hombres Grises otras opciones:
- Dos millones de billones para luchar contra la tectónica o tectónico de placas.
- La misma cantidad para luchar contra la elipsoidad de la órbita o el órbito terrestre.
- La mitad de esa cantidad para cambiar la tapicería de los autos deformaculos: Alcantara ya no es lo último.
Por otra parte, hablaré con mi asesor financiero para que me ilustre sobre cómo gastar un buen dinero en una entelequia. Por si acaso, propongo a los Hombres Grises otras opciones:
- Dos millones de billones para luchar contra la tectónica o tectónico de placas.
- La misma cantidad para luchar contra la elipsoidad de la órbita o el órbito terrestre.
- La mitad de esa cantidad para cambiar la tapicería de los autos deformaculos: Alcantara ya no es lo último.
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Es una religion la ecologia como excusa, realmente.
Y “Europa” es una entelequia que nada tiene que ver con la realidad; no saben ponerse ni poner limites a las cosas, y menos a su sueldo
son gente disparatada, una sociedad disparatada, un disparate que pagaremos muy caro, y no en dinero, o no solo en dinero.
Tranquilo, los gastos del billón vienen desglosados: poner bombillas de bajo consumo, molinillos y esotéricas acciones en la “industria forestal”
A mi hijo le han enseñado Eco-economía. Tiene 12 años. Me va a costar Dios y ayuda que sea capaz de separar la realidad del bio-folclore. Tanto empeño en convertirle en un imbécil comienza a ponerme nervioso, especialmente cuando constato que los hijos de la nueva aristocracia política pueden permitirse acudir a centros de enseñanza en los que aún se muestra el proceso de producción de una barra de pan y, de hecho, se lo permiten. Con mi dinero, por cierto.
Es verdad que han abandonado las banderas del proletariado para sustituirlas por las de olor a pino. No es menos cierto que en mi paternal cabreo no varía en absoluto la intención primera: meterles la bandera, roja o verde, por el mismísimo culo. A ver si así hay manera. Con perdón.